“Algo debe tener preparado la Concertación”, pensaba yo el día de las elecciones chilenas, ante un posible triunfo de Piñera. Me imaginaba lo típico de nuestro país: acusaciones de fraude por todo lado, demoras eternas en dar los resultados, contraataques personales a los ganadores, festejos de ambos bandos como si fueran victoriosos, etc. Me encontré con algo distinto. Los resultados: inmediatos. El discurso del nuevo Presidente: de unidad. La respuesta del contrincante y del oficialismo: noble. El análisis post electoral de los concertacionistas: humilde. Cuando uno vive fuera del país no suele andar lanzado flores al ajeno. Ahora Chile, por la fortaleza de su democracia –gracias a gobernantes y opositores – se lo merece. Faltando pocos minutos para las seis de la tarde del domingo 17 de enero, el ministro de Interior del gobierno de Michelle Bachelet, Edmundo Pérez Yoma, llamó a Sebastián Piñera a felicitarlo por el triunfo. La gente había terminado de votar apenas hace un par de horas. “Parece que la tendencia es irreversible”, dijo. Nótese que fue incluso minutos antes de la primera proclamación de datos oficiales. Ésta señaló que, con el 60% de mesas escrutadas, el candidato de centro-derecha se imponía con un 51,87% de votos.
Media hora después, en un inédito saludo televisado, la propia Presidenta –quien había apoyado abiertamente a Frei – felicitó al candidato electo. Acordaron desayunar juntos al día siguiente para “sanar algunas heridas” y e intercambiar consejos. Parecía un reality: el reality de la democracia. Pero el gesto más noble estaba por venir: Eduardo Frei llegó con su esposa y sus cuatro hijas al Hotel Crowne Plaza, donde estaba el comando piñerista. A las ocho y cuarenta de la noche, ambos candidatos se estrechaban la mano y el senador y ex Presidente decía: “Hemos venido a felicitar y a desear éxito al nuevo Presidente de Chile”.
Desde ese día, Sebastián Piñera viene repitiendo que su gobierno funcionará con una “Democracia de los acuerdos”. Pretende ser un “gobierno de unidad nacional”, que incluya gente de todos los sectores. Chile necesitará “un gobierno y una oposición que, desde sus propias convicciones y valores, actúen con la sabiduría necesaria para anteponer los intereses permanentes de Chile y los chilenos por sobre cualquier otra consideración particular o partidista”, señaló el 31 de enero.
Loable también es la postura de los jóvenes concertacionistas que ahora han tomado la batuta del bloque y están llamados a reconstruirlo. Carolina Tohá, Ricardo Lagos Weber, Óscar Landerretche y Claudio Orrego, redactaron un manifiesto donde llaman a su gente a tener una actitud de “humildad y diálogo, que permita escuchar las razones de los otros y no refugiarse en las convicciones y prejuicios propios”. Esa es una lección de espíritu democrático. 













