domingo 24 de julio de 2011

Debate entre narradores (publicado en diario HOY, 24/07/2011)

Ese día, en un bar de Quito, estuve con Javier Vásconez, Eduardo Varas, Francisco Estrella y Juan Pablo Castro. El detonante era el texto que Varas leyó en la FILBA, El manto de la invisibilidad. La expansión fue aquella reunión y hace días Estrella aumentó pólvora con su respuesta titulada Una jugada light. Pirotecnias necesarias y estimulantes, incluso cuando no sea para llegar a consensos. Qué importan las alianzas, la literatura no es la Asamblea Nacional ni un asunto de democracias.



Estrella espera algo que el texto de Varas no tiene pretensiones de emprender: una batalla estética o la formulación de una poética personal o generacional. Pide personajes y acciones a un ensayo. Lo de Varas es un “ejercicio de presentación y diagnóstico”. Trata de ir tejiendo al paso la situación de la narrativa contemporánea del país con las limitaciones, contradicciones internas, temeridades y provocaciones que un texto así soporta.


Varas se equivoca al sustituir el yo por el nosotros. Pero acertó en una realidad que comparto y he observado en varios narradores jóvenes: buscamos lectura y experiencia, da lo mismo si viene de Aguilera Malta o de Foster Wallace. “Nuestra patria es la página”, y eso no tiene por qué ser visto como poco ecuatoriano. Valoramos al autor nacional dentro de la institución literaria universal por la historia que narra y no por tener personajes costeños o por ponerlos a caminar en Quito. Chéjov y Donoso gozan de la misma ausencia de prejuicios antes de acercarnos a ellos.


Estrella se equivoca al juzgar lo anterior. Cree que nos avergonzamos de la literatura nacional porque en ella nos miramos mestizos, vagos, ladrones, poco europeos. Cree que nuestro problema es social y que nos disgusta lo representado más que la manera de hacerlo. Error tremendo y síntoma preocupante. Muestra una concepción de una literatura poco simbólica. Bastan los noticieros para mirarnos y sabernos plagados de brutalidad, mentiras, asesinatos. Basta caminar un par de cuadras para diferenciarnos de otros países. En la literatura buscamos historias que nos encaren con el sufrimiento, las tendencias, las dudas existenciales. Buscamos esa experiencia mítica, sin importar si es una novela de indígenas, gringos o extraterrestres. Buscamos imágenes que nos develen al hombre.


Y hay que hablar también de la visibilidad tecnológica. Varas la expone como solución al anonimato del narrador ecuatoriano. Error. El medio es incipiente y engañoso, como engañosos son los microclimas de las redes sociales. El riesgo que advierte Estrella es vital: que la difusión y el striptease terminen por idiotizar y despeñar a ese titán que espera la literatura nacional. Un titán encumbrado no por su pasaporte ni por los autores ecuatorianos que es capaz de recitar, sino por su oficio. Porque es mejor que los demás.