
Como pasa en casi todos los viajes de Benedicto XVI, la realidad le sonríe de lado a los escenarios prefabricados por la prensa y se asombra otra vez de tanta ingenuidad –de buena y mala fe– en esas mentes intelectuales. Los corresponsales de las agencias salen a las calles y se encuentran con ríos de jóvenes provenientes de los cinco continentes, congregados alrededor de quien hace cabeza en la Iglesia Católica. Los que creen que una protesta legítima de cuatro gatos es más importante, no merecían pasar el primer nivel de su carrera universitaria. La noticia está en “los comprometidos”, esos que no destruyen locales comerciales, no alteran jornadas electorales, no infringen leyes ni chantajean a nadie. No por juzgar esas otras protestas, sino por señalar las diferencias. Jóvenes que demuestran compromiso y coherencia, valores que la sociedad actual prefiere esconder bajo la alfombra para después agarrarse la frente y maldecir sobre el sinsentido de la existencia. Jóvenes que no parecen reprimidos ni traumados ni sectarios. Jóvenes que envían un valioso mensaje a un mundo que por no creer en nada se cree cualquier cuento, en el que nada tiene valor o todo da lo mismo. Jóvenes con esperanza.
Casi todas las protestas levantadas alrededor de la JMJ no tienen pies ni cabeza. Nacen o de una fobia patológica y sectaria hacia la religión, o de la ignorancia, que es perdonable dependiendo del caso. “No queremos que con nuestro dinero se ayude a un evento católico, mucho menos en tiempos de crisis”, según entiendo, sería su consigna. Supongo que ya se habrán enterado que de las arcas públicas no sale un centavo, aunque poco les importará. Pero sí, sí cooperará el gobierno local y nacional en gastos pequeños como seguridad, agua, luz, subvención al transporte y ofreciendo instalaciones. Y eso porque las autoridades entienden y agradecen el alcance del negocio. Saben que solo en impuestos directos e indirectos recibirán alrededor de 30 millones de euros, calculan ganar en total unos 90 millones, advierten que es una oportunidad muy económica para publicitar la marca Madrid y la marca España, mucho más recordando su candidatura olímpica. Además porque hay que tener dos dedos de frente y estar dispuesto a leer más de diez minutos seguidos para darse cuenta que Benedicto XVI es uno de los pensadores más importantes del siglo y líder de la religión mayoritaria en España. Y si se quiere, aunque no es necesario, se está hablando del Jefe de Estado de un país con el que mantienen relaciones bilaterales.
Los jóvenes españoles comprobarán la diferencia de discurso entre el mensaje que lleva el Papa y la constante propaganda antirreligiosa a la que están expuestos. Escuchar o leer a Benedicto XVI es un buen antídoto para los prejuicios. Las ideologías y la ignorancia chocan siempre con lo real.
Casi todas las protestas levantadas alrededor de la JMJ no tienen pies ni cabeza. Nacen o de una fobia patológica y sectaria hacia la religión, o de la ignorancia, que es perdonable dependiendo del caso. “No queremos que con nuestro dinero se ayude a un evento católico, mucho menos en tiempos de crisis”, según entiendo, sería su consigna. Supongo que ya se habrán enterado que de las arcas públicas no sale un centavo, aunque poco les importará. Pero sí, sí cooperará el gobierno local y nacional en gastos pequeños como seguridad, agua, luz, subvención al transporte y ofreciendo instalaciones. Y eso porque las autoridades entienden y agradecen el alcance del negocio. Saben que solo en impuestos directos e indirectos recibirán alrededor de 30 millones de euros, calculan ganar en total unos 90 millones, advierten que es una oportunidad muy económica para publicitar la marca Madrid y la marca España, mucho más recordando su candidatura olímpica. Además porque hay que tener dos dedos de frente y estar dispuesto a leer más de diez minutos seguidos para darse cuenta que Benedicto XVI es uno de los pensadores más importantes del siglo y líder de la religión mayoritaria en España. Y si se quiere, aunque no es necesario, se está hablando del Jefe de Estado de un país con el que mantienen relaciones bilaterales.
Los jóvenes españoles comprobarán la diferencia de discurso entre el mensaje que lleva el Papa y la constante propaganda antirreligiosa a la que están expuestos. Escuchar o leer a Benedicto XVI es un buen antídoto para los prejuicios. Las ideologías y la ignorancia chocan siempre con lo real.
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