
Cuando murió Jorge Federico, la concepción que entonces tenía del tiempo resultó inválida. Ya no fue vertiginoso su pasar ni agobiante su pasado, todo quedó suspendido en un vacío desgarrador.
En mi imposibilidad por revivir a Jorge, busqué en las religiones, en la parapsicología, en las habladurías esotéricas, pero no buscaba a Dios como una afirmación o una negación, sino como a una persona que me salvara, que me llevara de la mano como a un niño que sufre. Lo que antes había leído con un juicio crítico, ahora lo absorbía como un sediento.
Volví a Jaspers. A las pocas páginas di con una cita de Epicteto: "El origen de la filosofía es percatarse de la propia debilidad e impotencia". (...).
Sí puedo decir que el tiempo de mi vida se quebró, que después de la muerte de Jorge ya no soy el mismo, me he convertido en un ser extremadamente necesitadom que no para de buscar un indicio que muestre esa eternidad donde recuperar su abrazo.
(Antes del fin, Ernesto Sabato, p.159, Seix Barral).
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Siempre me han preocupado estos jóvenes cuyos ojos están destinados a la belleza, pero también al infortunio porque ¿qué más desventurado que un sediento buscador de absolutos?
(Antes del fin, Ernesto Sabato, p.169, Seix Barral).
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