sábado 31 de diciembre de 2011

Sobre la inmunidad parlamentaria (publicado en diario HOY y La República)



Podemos imaginar esa aula de clase de adolescentes en la que el grandote impone sus reglas y castigos. Ese que le cuesta unir sujeto y predicado pero que tiene cicatrices en los nudillos y que cuenta las historias de los hermanos mayores como propias, hace los bautizos, establece escalafones arbitrarios, premia a sus incondicionales. Todo es disimulado y eficaz: el silencio producto del miedo es el aceite funcionar a la perfección los engranajes de esa máquina primitiva.

La democracia surge cuando Aristóteles concibe al hombre como zoon logon ekhon, un ser capaz del discurso donde la preocupación primera de los ciudadanos es hablar entre ellos. Donde se intenta que el pequeño, flaco y de voz débil, se sienta políticamente igual al grandote y ambos se escuchen. Y se va construyendo un esquema bajo el cual las cosas funcionan más o menos bien: uno que gobierne, algunos otros que impongan justicia, y una gran cámara en la que todos estén representados elaboren las leyes y fiscalicen al que gobierna. Aceptar –y ansiar– la independencia entre esos tres poderes, es lo único que permite a una sociedad salir de ese bullying colegial.


La inmunidad parlamentaria (freedom from arrest) es una condición sin la cual no se puede dar la fiscalización al poder ejecutivo, y querer abolirla únicamente desenmascararía un tirano. El art. 128 de la Constitución señala que los asambleístas “no serán civil ni penalmente responsables por las opiniones que emitan, ni por las decisiones o actos que realicen en el ejercicio de sus funciones”. Veamos. Galo Lara ha acusado al Presidente de dirigir actos de corrupción como el envío de dinero fraudulento a las Bahamas y asegura tener pruebas. Eso está dentro de sus funciones. César Montúfar acusa al abogado del Presidente de redactar la sentencia que favoreció a su defendido y condenó a diario El Universo y asegura tener pruebas. Eso también está dentro de sus funciones. Entonces, ¿por qué ese show de abandonos de inmunidad?

Y el desafío a César Montúfar está envuelto en una ironía tenebrosa: se lo invita a someterse a la justicia que él mismo denuncia. Montúfar supuestamente demuestra que las sentencias se redactan en el despacho del abogado de una de las partes, y enfrentarse a Gutemberg Vera significaría entregarse a Goliat sin piedra, honda ni escudo. Su inmunidad parlamentaria sería la razón por la que no está tras las rejas

Pero lo más grave es que empiece a desaparecer la fiscalización y se aceite esta máquina gubernamental con el silencio. La Asamblea, los medios y los ciudadanos, son los encargados de vigilar al ejecutivo. ¿Qué se puede esperar si a quienes constitucionalmente tienen privilegios democráticos no se les permite denunciar casos de corrupción? ¿Un país en el que la inmunidad parlamentaria se convertirá en condición de ciudadano?